Modiano - Piacentine

 

Llevo ya una temporada queriendo explorar el mundo de las barajas italianas, pero debo admitir que me siento algo intimidado por su inmensa cantidad de patrones y variantes. A diferencia de un sistema más o menos definido como pudiera ser la baraja española, aquí nos encontramos ante un conjunto heterogéneo de influencias y estilos regionales; no tienen necesariamente una línea de diseño cohesiva, sino que se agrupan de manera puramente geográfica. Sin embargo, a pesar de sentirme abrumado por el exceso de información, he decidido dejar de postergarlo y tirarme por fin al proverbial barro que constituye este fascinante microcosmos naipero.

Para empezar a adentrarme en este nuevo territorio, decidí meter la mano a ciegas en el cajón y dejar que el azar eligiera por mí. La afortunada ha sido la baraja Piacentine de la marca Modiano. Como he mencionado, no la he elegido por un motivo en especial, ya que todas me parecen sumamente bonitas e interesantes, y había que empezar en algún sitio.

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Al examinarla, lo primero que destaca es la presencia de palos españoles tradicionales en lugar de franceses o de variantes propias de otras regiones de Italia. Es un detalle llamativo si tenemos en cuenta que Piacenza se encuentra en el norte del país, donde estos últimos son más habituales. Sin embargo, esta aparente anomalía geográfica puede tener una base histórica: al igual que ocurrió con los territorios del sur, esta región también estuvo bajo el dominio de la Corona española durante el siglo XVIII (concretamente el Ducado de Parma y Piacenza). Ese periodo pudo haber sido suficiente para que nuestro sistema de palos echara raíces en este entorno.

Otro detalle que salta a la vista es la presencia de figuras dobles o gemelas. Al verlas, es fácil caer en la tentación de pensar que se trata de una influencia venida de Europa central, pero la realidad es mucho más trivial. La adopción de las figuras reversibles en el patrón piacentino es bastante reciente; de hecho, no empezaron a imprimirse con este formato hasta bien entrado el siglo XX. Se trató de una simple modernización utilitaria para facilitar el juego y que acabó convirtiéndose en la variante predominante dentro del patrón, subrayando que no se trata de una característica definitoria del mismo.

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Esta es, en realidad, la segunda baraja italiana que presento en el blog. Previamente hemos analizado la baraja Sarde, que es básicamente una baraja española en toda regla. Incluso podemos rastrear los orígenes de sus diseños a Clemente Roxas y su baraja neoclásica, muy popular en España durante el siglo XIX. Por otro lado, si bien la influencia ibérica también es muy patente en la baraja piacentina, esta se aparta un poco más de sus orígenes para adoptar una identidad más definida.

Se mantiene la estructura básica de la baraja española, con oros, copas, espadas y bastos, distribuidos en 40 naipes que van del as al 7, seguidos de tres figuras (sota, caballo y rey). Sin embargo, existen también diferencias significativas, como la ausencia de pintas e índices numerales, así como el propio formato de las cartas. Al ser menos anchas adquieren un aspecto elongado que, en mi opinión, les da un toque elegante. Estas características las comparte con otras de sus primas regionales, siendo una de las excepciones la ya citada Sarde.

Centrándonos en el apartado de diseño, destacan especialmente los ases y, dentro de estos, el de oros, con una imponente águila real portando una corona. En versiones antiguas de este patrón, el pecho de la rapaz estaba ocupado por un círculo en blanco destinado al timbre fiscal, que en nuestro ejemplar se ha reemplazado por una gran moneda. El as de bastos, a diferencia del típico «leño nudoso» que solemos ver en barajas españolas, está representado por un tronco con varios muñones de ramas cortadas y una rosa creciendo en su base. El de espadas, por una cimitarra adornada con un listón de flores y sostenida por un querubín. Y finalmente, el de copas, más en línea con lo que esperamos de esta carta, presenta un elaborado cáliz que mantiene la cohesión y elegancia del resto del conjunto.

Sin querer alargar de más esta sección, solo quiero resaltar que el resto de las cartas mantiene la sobriedad de los ases, logrando un conjunto estéticamente muy potente. Personalmente, creo que este es uno de los grandes atractivos del patrón, un rasgo que se mantiene constante en otras barajas de esta familia y que analizaremos en el futuro.

Finalmente, hablemos un momento de nuestro ejemplar en concreto. Al igual que ocurre con la Sarde y con las demás barajas de la marca Modiano, los materiales y acabados son excelentes. En este caso nos encontramos con un acabado satinado muy suave, tirando a mate, y una cartulina gruesa y bastante firme. Esto le confiere una gran sensación de robustez y durabilidad; es quizá un poco más rígida de lo que me gustaría, pero transmite muy buenas sensaciones de igual manera.

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No creo que cubra todas las barajas italianas de mi colección del tirón. Más bien, me parece mejor ir espaciándolas un poco, por un lado para no saturar al lector y, por otro, para darme tiempo a investigar un poco sobre ellas. Lo que sí tengo planeado es estructurar las entradas para agrupar al menos parcialmente este diverso conjunto, empezando por lo más «fácil», que en este caso son los patrones italianos con palos españoles clásicos.



 

De manera experimental he incluido este reproductor de audio con el texto de la entrada narrado. Como siempre, cualquier comentario o recomendación será más que bienvenido. 

 
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