Alberto Peruzzo Editore - Carte Piacentine (1861)
Tras haber explorado la interpretación moderna de
Modiano
para el patrón piacentino, ahora nos toca analizar este
estilo regional en un estadio más primigenio. Para ello nos valdremos
de la baraja Carte Piacentine, editada por
Alberto Peruzzo Editore, una reproducción de un ejemplar histórico de
hacia 1861 con dibujos de Lattanzio Lamperti.
Aunque ya abordamos el contexto histórico y la estructura general del mazo en la reseña de Modiano, conviene resumirlos aquí. Consta de 40 cartas distribuidas en cuatro palos (oros, copas, espadas y bastos); cada uno cuenta con siete naipes numerales y tres figuras (sota, caballo y rey). Se distingue de la baraja española por una morfología más elongada de los naipes, así como por la ausencia de pintas e índices numerales. La utilización de palos españoles en Italia coincide geográficamente con territorios que estuvieron influenciados o bajo el control de la Corona española en algún momento de su historia.
Aunque ya abordamos el contexto histórico y la estructura general del mazo en la reseña de Modiano, conviene resumirlos aquí. Consta de 40 cartas distribuidas en cuatro palos (oros, copas, espadas y bastos); cada uno cuenta con siete naipes numerales y tres figuras (sota, caballo y rey). Se distingue de la baraja española por una morfología más elongada de los naipes, así como por la ausencia de pintas e índices numerales. La utilización de palos españoles en Italia coincide geográficamente con territorios que estuvieron influenciados o bajo el control de la Corona española en algún momento de su historia.
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Como podemos apreciar al poner ambas barajas lado a lado, este patrón ha variado poco a lo largo del tiempo, y se reconoce que siguen la misma línea nada más mirarlas. La iconografía de los palos permanece prácticamente inalterada, destacando los rostros humanos en las monedas del palo de oros, así como las representaciones de las copas y espadas. Asimismo, los ases permanecen casi constantes, salvo por el círculo en blanco destinado al timbre fiscal en el pecho del águila coronada del as de oros, y la adición de un infante o querubín en el de bastos. Por lo demás, se mantiene la elegancia y sobriedad que describíamos en la entrada previa.
Sin embargo, existen también diferencias, y no se siente en absoluto como si estuviéramos ante dos copias de la misma baraja. Lo más llamativo son las figuras, que a diferencia de las imágenes gemelas de Modiano, en esta aparecen como efigies de cuerpo completo, más cercanas a su origen español. Quizá sean algo menos funcionales que en el ejemplar moderno, pero suponen un punto a favor en cuanto a la riqueza estética.
Y ya que hablamos de riqueza estética, podemos observar también que estos grabados del siglo XIX tienen una mayor abundancia y diversidad de detalle, sin llegar a parecer «recargados». No obstante, más que un rasgo evolutivo, este aspecto lo podemos atribuir, al menos en parte, al autor de los diseños originales, Lattanzio Lamperti, apreciado naipero italiano y más conocido por sus barajas de tarot que rozaban el hiperrealismo y que solían incluir personajes vestidos con ropas de moda en la época antes que con atuendos medievales. Su firma la podemos ver en el as de oros y en el rey de bastos, curiosamente la primera y la última carta del mazo.
Unas últimas observaciones antes de poner el broche a este bloque. A riesgo de sonar repetitivo, el uso de figuras gemelas es una adición más bien reciente en este patrón, si bien es la variante predominante hoy en día. Por otro lado, la exquisitez ornamental que vemos en este ejemplar no era necesariamente la regla en la época, y posiblemente estaba destinada a mazos que hoy llamaríamos de «gama alta». Próximamente analizaremos una baraja contemporánea con diseños mucho más austeros, siendo el contraste bastante llamativo.
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En cuanto a la calidad de la reproducción propiamente dicha, podemos decir que es adecuada, aunque no excelente. Los materiales y acabados son similares a los que encontramos en los famosos facsímiles de la colección de Ediciones del Prado. Cabe señalar que la impresión aquí se sitúa un poco por debajo de estas últimas, aunque el acabado satinado y la cartulina algo más gruesa utilizada por Alberto Peruzzo equilibran la balanza.
Dicho esto, debo resaltar que este ejemplar presenta un grave error de control de calidad. Aunque compré la baraja precintada y la estrené yo mismo, al examinarla me di cuenta de que el 7 de espadas estaba repetido y faltaba el 4 del mismo palo; un fallo que ya he observado alguna vez en barajas editadas por empresas gráficas que no se dedican exclusivamente a la elaboración de naipes.
NOTA IMPORTANTE: El
4 de espadas «fantasma» que aparece en las imágenes lo he obtenido de
la web del coleccionista
viaggiareincamper. He intentado ponerme en contacto con el dueño, pero no he encontrado
opciones para hacerlo. Como su escaneo tiene una resolución mucho menor a la
que utilizo habitualmente en el blog, lo he retocado digitalmente,
aunque no he logrado resucitar a Lázaro ni mucho menos. He marcado dicha carta
con un recuadro rojo. Si en algún momento consigo un ejemplar completo
de la baraja, reemplazaré la imagen para ajustarla a los estándares
habituales del blog.
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