Fournier - Nº 25 "Baraja Nacional"

No sería descabellado pensar que los orígenes de la baraja que veremos hoy hicieran levantar la ceja a más de un lector, ya que se sitúan en un momento histórico turbulento, y hasta el contexto de su concepción podría considerarse polémico. Sin embargo, el valor artístico de sus diseños es innegable e incluso me aventuraría a decir que no se ha visto nada similar desde su creación.

La pieza en cuestión es la "Baraja Nacional" de Heraclio Fournier. Han existido diversas ediciones con variaciones tanto en el diseño como en la nomenclatura a lo largo del tiempo; la que presento aquí es, posiblemente, la última versión, fabricada en 1970 bajo la referencia Nº 25.

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Entre 1936 y 1939 –aunque posiblemente ya avanzada la Guerra Civil EspañolaFélix Alfaro Fournier  encargó al artista Luis Alemany el diseño de una baraja que representara los valores de una España "eterna y tradicional", que ayudara a difundir las ideas nacionalistas del bando vencedor. Se desconoce si la iniciativa la tuvo el propio Fournier o si fue una sugerencia de parte del Gobierno de Burgos.

La dirección artística no parece seguir las directrices de ninguno de los patrones clásicos que podemos encontrar en la baraja española. Alemany se apartó de manera intencionada de estos cánones para adoptar un estilo propio, de tipo vanguardista, con influencias de escuelas en boga en la época como el futurismo italiano, la Bauhaus alemana o incluso el cubismo, aunque sin adherirse de manera estricta a ninguna de ellas.

A decir verdad, las referencias nacionalistas son sutiles y poco intrusivas dentro del conjunto; llama más la atención el peculiar estilo empleado por Luis Alemany, y si bien han existido variaciones en las distintas tiradas, el semblante general no se ha apartado demasiado del diseño original. Me atrevería a decir, incluso, que la iconografía propagandística puede pasar desapercibida a no ser que se conozca el contexto en el que se creó la baraja. Podemos citar, por ejemplo, el Águila de San Juan muy estilizada en el as de Oros y el 5 de Espadas, o los adornos militares distribuidos en los palos, siendo quizá lo más destacable los blasones representados en los palos, muy prominentes en los oros.

La Baraja Nacional tuvo un considerable alcance así como una amplia aceptación por el público, ya que se editó tanto en versiones clásicas como de póker español e, incluso, en tamaño gigante; así como con distinto número de cartas y variedad de dorsos. Se han utilizado también diversos números de referencia, manteniendo constante la denominación "Nacional". 

Para ir terminando, quiero decir unas palabras sobre el autor de los diseños, Luis Alemany. Este arquitecto y dibujante vitoriano (1886-1943) destacó por un espíritu bohemio que marcó tanto su formación académica como su vida social, frecuentando tertulias junto a figuras de la talla de Valle-Inclán, Zuloaga o Maurice Ravel. Su verdadera maestría, no obstante, residió en su versatilidad como ilustrador. Colaboró en publicaciones de vanguardia, donde desarrolló un estilo que se movía entre el realismo, el surrealismo y el humor gráfico. Esta combinación de influencias explica el carácter innovador de la Baraja Nacional, que pese a tratarse de un encargo de corte tradicionalista, acabó integrando ideas rompedoras que la cubrieron finalmente con un barniz atemporal.

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A modo de epílogo, cabe señalar que la Baraja Nacional dejó de editarse en la década de los 70. Mi ejemplar, concretamente, presenta el timbre fiscal del periodo 1964-1979 en el 5 de Espadas y la inscripción "Año de 1970" en el 2 de Oros. Es pura especulación por parte mía, pero puede que Fournier buscara un "borrón y cuenta nueva" ante el inminente cambio de ciclo político en aquella época.

Es una lástima que esta baraja haya quedado relegada al olvido, pues su calidad le permitió en su día competir en popularidad incluso con la célebre Nº 1 de Fournier. Teniendo en cuenta que la propia casa realizó modificaciones en los diseños originales en el pasado, no sería irracional plantear una reedición que, tras depurar las referencias que pudieran considerarse de índole ideológica, rescatara una obra de primer nivel. De hecho, el relativo desconocimiento que existe hoy sobre este mazo —fruto de una memoria colectiva que se ha ido diluyendo— es precisamente lo que permite redescubrirla ahora desde una óptica puramente estética y documental, si bien soy consciente de la imposibilidad de separar del todo el arte del contexto de su creación.

 

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